Minificciones

. domingo
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Hiperhidrosis narrativa

Lo escribía todo al pie de la letra y, en consecuencia, los suyos eran unos textos muy sudados.



Paranomasia

El Flautista de Hamelin hizo sonar su flauta y todas las erratas le siguieron hasta ahogarse en el río de los correctores. Y nunca más hubo textos con errores. 



Concierto de nada

Pasó una melodía y le arrancó el alma. Desde entonces un concierto de silencios corona su corazón.



Desperezada

Al despertar comprobó que esa noche había perdido su bostezo. Sus amaneceres, desde entonces, carecieron de fuerza para expulsar el hálito dañino de los malos sueños.



Rectitud

Te voy a poner más derecho que una vela —le dijo la mamá mientras lo doblaba a zapatillazos.



Idus de marzo

A pesar de cuidarse con esmero de los Idus de marzo la daga de Servilio Casca no pudo evitar cortar el cuello de Julio César.



Entrega a domicilio

Era un paquete de células, hormonas, humores y otras piezas materiales. Lo fue ensamblando día a día, con amor con entusiasmo, hasta que le creció una hija sin saberlo.



Tareas domésticas

Ninguna arruga arruinaría su vida. Junto a las sábanas de hilo y la ropa interior de algodón tenía planchado a su nuevo maridito.



Desengaño

Quiso saber qué había después de la eternidad. Miró en el reflejo de su divinidad y halló la inexistencia.



Primer candor

La primera inocencia descubierta fue que ir a ver el cine de las sábanas blancas era ir a la cama a dormir. Sin embargo, a pesar del enfado, era ir al cinematógrafo de los sueños.



Decepción 

Al final del túnel no hubo luz.



Historias de náufragos

Comenzamos a nadar, lentamente. Si darnos cuenta nos alejamos de la orilla. Ya distantes y apartados de la luz de Alejandría, aferrado el uno al otro, zozobramos y nos ahogó el amor.

Cortazianas

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Apoyaba mi barbilla en el cañón del CETME cuando el parte me sorprendió en una garita, mientras hacía guardia, y me revoleó contra la pared. Fuera llovía con la mansitud que sólo puede hacerlo en Galicia, donde la acuosidad es tristísima y delectante. Dentro de mí también, igual, comenzó a llover y no escampió en muchos días.
Aún era de noche pero sabía que amanecería en poco rato y, entonces, el día tendería a empeorar dado el espesuramieto de la noticia que la radio había dejado en mis oídos. Lentamente el paisaje urbano comenzó a metalizarse de azul. 
Era mi última guardia. Al salir fui a mojar las magdalenas en la tristeza de aquel desayuno de febrero antes de ir al barracón. En el cuerpo de guardia aflojé el cinturón y dejé las municiones y el fusil en la armería como quien deja media alma en su camino. Al llegar la camareta estaba vacía. Vacía inoportuna y ofensivamente. Se me cuajaron los claros de los ojos como quien llora pero sin lagrimear y comencé a escuchar un murmullo de voces en la soledad de la sala. La luz saltaba desde la calle general Alesón como queriéndose comer la húmeda penumbra. Fuera, la mañana llúvida aceleraba su ritmo de vida urbana y niños volantones iban a la escuela aferrados a sus madres. 
En Argentina engrupir significa hacer creer una mentira. Eso quizás fue lo que pasó en el boletín informativo del 12 de febrero de 1984, rumié pensante, mientras hacía el cambió de guardia. Su muerte era una falacia porque los inmortales nunca fenecen. Morimos nosotros antes los acontecimientos que nos aconseja nuestra funda existencial de mortales, igual que los gusanos de seda que abandonan su ovillo vital y se transforman en sueño alado. El belgicano continuaría con su gargarizar de erres, flaco y barbado auditor de jazz. Una fama y un cronopio marcharon, cogidos de la mano, a coleccionar palabras heterogramas.
Años más tarde me senté sobre una fría lápida de mármol blanco que cubrían rosas marchitas en Montparnasse. Encendí un cigarrillo y decidí contarle lo mal que lo pasé en aquella última guardia. Sé que me escuchó no más.

Diagnosis

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Tras el último escáner le diagnosticaron un tumor irremediable. Era un cáncer terminal que pronto lo devolvería a la vida.

Encuentro en la primera fase

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Un hombre de neandertal y un homo sapiens se encuentran hace 40.000 años en la península Ibérica. Después de mirarse fijamente a los ojos mantienen una conversación.

N-¿Vienes de lejos?
HS.-Llevo andado miles de años hasta llegar aquí.
N- ¿Estás cansado?
HS- No. Todo lo contrario, me siento pujante y lleno de energía. Dueño del futuro y de este mundo.
N- Eres optimista. Yo en cambio sé que no veré el futuro.
HS- No lo verás; te extinguirás antes.
N- ¿Y no te da miedo tanta responsabilidad, ser la especie que domine la Tierra?
HS- ¿Miedo? Me espera una vida apasionante llena de evolución. Inventaré la escritura, dominaré el fuego, practicaré las artes y cultivaré las ciencias. Descubriré el Universo que nos rodea y el átomo. Viajaré fuera del planeta.
HS- También inventarás a Dios y conocerás la muerte. Matarás de manera intensiva e indiscriminada. Acabarás con los recursos de este mundo y con otras especies y te adueñarás del planeta.
El homo sapiens bajo la mirada y meditó un momento.
HS- Tienes razón, hermano. Quizás yo tampoco tenga futuro.
N- Entonces no parece tan bueno ni inteligente este diseño.
HS- Tú déjame que pensar es lo mío.

Castillo de naipes

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Lu-Chi Ai-ti acudió al gran maestro para que le aconsejara sobre las adversidades que el destino, a veces, depara.
–Sabio anciano –interpeló–. Si después de colocar con trabajo y esmero cada pieza importante de mi vida, el infortunio se empeña en derribarlo todo como si fuera un castillo de naipes, ¿debo abandonar toda empresa y rendirme a la indolencia?
El anciano lo miró, extendió sus manos y cerró sus párpados. Permaneció callado durante un tiempo que a Lu-Chi le pareció eterno. Luego dijo:
–No eres tú quien contiene a la existencia dada sino ella quien te contiene a ti. Tú eres ese destino que se derrumba en un instante y quien al acto debe levantarse. No te abandones a la suerte porque tú eres el azar mismo de esa carta caída y levantada hasta la eternidad.

Escriturar

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Comenzó a escribir su vida y contó, con pelos y señales, cada detalle. Perfeccionó su método y acabó por anotar cada segundo de su existencia. Necesitaba otra vida para escribir su vida sin apreciar que la escritura de sus hechos era la experiencia misma de vivir.

Salto al vacío

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Sentado al borde del vacío esperó que no pasara nada y saltó sobre él. Se bajó de la cama y empezó a transitar el día. El sueño lo había traído del futuro y el futuro no iba a volver al pasar.

Historia de un corazón vidriado

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El corazón es como un vidrio puro –me dijo-. La primera vez que un desamor rompe el cristal, la fractura parece irreparable. El tiempo la une pero la cicatriz permanece indeleble. Después llegan más amores que lo agrietan de nuevo. Nuevas fisuras que con paciencia es necesario volver a soldar.

Así aquel espejo bruñido y de una pieza es, al final, igual que un diamante con muchas caras. Y cada una refleja el destello de los amores vividos por ese corazón.

Radiografía

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–Hoy me noto raro.
–¿Qué te sientes?
–Eso es que no me siento nada. Ningún dolor, ninguna molestia.
–Deberías ir al médico y pedir un volante para el radiólogo.
–Sí y que me escaneen el alma.


Amor ‘fou’

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En el hormiguero hay una pareja que hace el amor todas las tardes después de ducharse. Primero se lava él y a continuación lo hace ella que es quien limpia la ducha. Es una hormiguita que pasa desapercibida en la inmensidad de la urbe mirmecológica pero llena de encanto y con una bonita sonrisa. Su belleza es hiriente y refinada. Le declararía mi amor si no fuera entomólogo.

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